Obra de uno de los arquitectos más reputados del mundo, escenario inspirador de series como “El juego del calamar”, postal de película de la costa valenciana. Entre muchas otras cosas. Hablamos de la Muralla Roja de Calpe, el deseado complejo diseñado por Ricardo Bofill. Ahora: ¿sabes cuánto cuesta vivir en uno de sus pisos? Gracias a dos anuncios publicados en el portal Idealista, le ponemos poner precio en 2026: 320.000 €.
Dos inmobiliarias de la zona ofertan 2 pisos en este exclusivo complejo alicantino construido en 1973. El más pequeño de los 2 es un estudio de 28m2 por 178.000 € con vistas a la costa de Calpe; el otro, un 5º sin ascensor por 320.000 € y 77 m2.
El precio por metro cuadrado es de más de 6.000 € para el primero y de unos 4.100 € por el segundo, el más caro.

A cambio, quienes residen aquí, cuentan con acceso a tres piscinas comunitarias, incluido un solárium con piscina en la azotea, con vistas panorámicas al mar.
Vivir en una obra de arte de la aquitectura española

Pero más allá del precio, lo que se vende aquí es algo difícil de cuantificar: la posibilidad de habitar una obra de arte. La Muralla Roja es, ante todo, una declaración arquitectónica. Bofill la concibió en 1973 como una fortaleza mediterránea posmoderna, inspirada en las arquitecturas vernáculas del norte de África y las casbas árabes.
Un diseño rompedor para la época, como el de otras obras de Bofill en la costa española (véase el Walden 7 en Barcelona).
Sus muros de tonos rojos, rosas y malvas —que cambian de matiz según la hora del día y la luz del sol— la convierten en uno de los edificios más fotografiados de la costa española.
No es casualidad que el complejo se haya convertido en un imán para directores de cine, fotógrafos de moda y productoras internacionales. Decenas de editoriales de moda y videoclips ya habían descubierto en sus rincones cromáticos un decorado imposible de replicar en estudio.
Vivir en la Muralla Roja, sin embargo, no es para todo el mundo —y no solo por el precio. El complejo tiene apenas 50 apartamentos distribuidos en una estructura que prioriza la estética sobre la funcionalidad doméstica convencional.
Pasillos estrechos, escaleras sin ascensor en algunos bloques y distribuciones poco ortodoxas son parte del trato. Además, del constante ir y venir de curiosos.