La Vila Joiosa guarda el tipo de secreto que los viajeros más atentos aprenden a reconocer: el de un lugar que lo tiene casi todo y, sin embargo, se mantiene al margen del ruido. Con 37.449 habitantes, la capital de la comarca de la Marina Baja tiene una virtud más frágil y más valiosa: la de un destino que todavía puede disfrutarse sin tener que compartirlo con demasiada gente, si se compara con otras ciudades alicantinas.
La ciudad se despliega a lo largo de quince kilómetros de litoral mediterráneo atesorando un patrimonio histórico, gastronómico y natural que pocas localidades de su tamaño pueden permitirse ignorar.
Un casco antiguo con raíces fenicias y murallas renacentistas

La historia de Villajoyosa se remonta a las colonias griegas que jalonaron la costa mediterránea, y el paso de árabes y aragoneses durante la Edad Media dejó en la arquitectura local una impronta defensiva que el tiempo no ha borrado.
El casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural, conserva tramos de murallas renacentistas que abrazan físicamente la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, una solución constructiva tan poco habitual en el levante español que merece, por sí sola, el desvío.
El Vilamuseu custodia lo que esas capas de historia han ido dejando atrás: joyas fenicias, inscripciones romanas, piezas egipcias, griegas e íberas que juntas componen el retrato de un enclave portuario de calado mediterráneo.
Y si la ciudad mira al mar, también lo hacen sus torres defensivas, la Torre del Charco, la Torre d’Aguiló y la Torre de San José (conocida popularmente como Torre de Hércules), considerada una de las torres funerarias romanas más relevantes de España.
La capital del chocolate que llegó en barco desde Venezuela
Hay identidades que se construyen desde el puerto, y la de Villajoyosa no es una excepción. Desde el siglo XVII, sus muelles fueron uno de los principales puntos de entrada del cacao venezolano y americano en Europa, el inicio discreto de una tradición que el pueblo ha sabido mantener viva con una naturalidad que sorprende.
Hoy, marcas como Chocolates Valor, Clavileño y Chocolates Pérez ofrecen museos de acceso en muchos casos gratuito y espacios de degustación que convierten cualquier paseo por el centro en una experiencia inesperadamente golosa.
La pesca artesanal y un turismo todavía a escala humana completan el tejido productivo de un lugar que no ha tenido que reinventarse porque nunca dejó de ser lo que era.
12 kilómetros de costa, 6 banderas azules

El litoral de Villajoyosa es generoso: más de diez playas y calas repartidas a lo largo de 12 km de costa, de las que seis lucen bandera azul, el galardón europeo que certifica la calidad del agua y los servicios: playas Bol Nou, Centre, La Caleta, Paradís, Varadero y El Torres. Son también las más frecuentadas.
Moros y Cristianos, fiestas declaradas de Interés Turístico Internacional
Si hay una fecha en el calendario que resume el carácter de Villajoyosa, es la del 29 de julio. Las Fiestas de Moros y Cristianos en honor a Santa Marta, patrona de la ciudad, están reconocidas con la declaración de Interés Turístico Internacional y transforman el frente marítimo —con sus características casas de pescadores pintadas en amarillo, rosa, azul y ocre— en el escenario principal de una de las representaciones históricas más antiguas de la Comunidad Valenciana.
El espectáculo no es teatro: es memoria colectiva con trajes bordados y pólvora.
Situada a hora y media en coche desde Valencia y a 32 km al noreste de Alicante, Villajoyosa permanece, pese a todo lo que ofrece, considerablemente menos saturada que Benidorm o Altea.