A 15 kilómetros de Valencia, en San Antonio de Benagéber, hay un restaurante que acaba de ganar su primera estrella de la Guía Michelin. Se trata de Simposio, el restaurante del cocinero Roger Julián.
Tras entrar en las recomendaciones de la guía francesa el pasado mes de septiembre, este mes de noviembre ha recibido la primera estrella, uno de los mayores reconocimientos dentro de la gastronomía europea.
Cómo es la cocina de Simposio: materia prima y producto de mercado
Este restaurante, a 20 minutos de la capital, se centra en 3 pilares principales: una conexión total con el territorio, el aprovechamiento íntegro de la materia prima y una cocina abierta y central, donde el chef Julián interactúa directamente con los comensales.
Cocinero de vocación con más de 18 años de experiencia en el sector, el jefe de cocina de Simposio se ha formado en restaurantes La Sucursal, Apicius, Evo y cadenas hoteleras como Hesperia, Westin o Las Arenas antes de abrir por primera vez su propio local gastronómico.
Con esta base, Simposio encandiló a la guía francesa como una de las grandes sorpresas de septiembre. «Es uno de esos restaurantes que justifican nuestra selección, pues atesora una pequeña joya culinaria», definió la guía.
También destacó su «acogedor espacio de ambiente contemporáneo, compartido por la sala y la cocina» donde el comensal puede observar todo el proceso creativo e incluso conversar con el chef.
La carta de Simposio: cuatro menús degustación

La propuesta de Simposio, alejada de la carta tradicional, se articula en torno a cuatro menús degustación. Bautizados como San Antonio de Benagéber (68€/persona), Simposio (85€/persona), Simposio Ovolactovegetariano y Roger Julián (105€/persona), estos menús exploran los sabores del territorio valenciano con una técnica depurada y respeto por el producto.
A cambio, el comensal obtiene una vivencia única en la que el ritmo del servicio y la elaboración de los platos suceden a la vista de todos.
Simposio está situado en la calle de las Moreras 2, en San Antonio de Benagéber. Una de sus particularidades es que, en sus días de cierre, el espacio se transforma para acoger talleres gastronómicos para aficionados a la cocina.