La Generalitat Valenciana ha confirmado la presencia recurrente de seis especies de cetáceos en aguas de la Comunitat durante los dos últimos años.
El delfín mular encabeza los registros como el cetáceo más frecuente y abundante en esta franja del Mediterráneo, seguido del rorcual común en segundo lugar por número de observaciones.
Cachalotes, zifios de Cuvier, calderones comunes y delfines comunes también recorren estas aguas, aunque con una presencia más ocasional o puntual.
Un mapa faunístico que, lejos de ser solo científico, tiene su correlato más vivo en las salidas que cada temporada llevan a cientos de personas a encontrarse con estos animales frente a las costas de Alicante.
Alicante, epicentro de los avistamientos
Desde el punto de vista geográfico, la provincia de Alicante concentra el mayor número de registros de la última década. La Conselleria de Medio Ambiente advierte que esta distribución puede estar condicionada por la mayor presencia de observadores en el territorio, pero los datos hablan por sí solos: entre finales de verano y principios de otoño se han documentado grupos de entre 50 y 80 ejemplares en la zona de Torrevieja.
Es en ese mismo litoral sur donde empresas como Blue Odyssey operan desde el Puerto Deportivo Marina de las Dunas, en Guardamar del Segura, con salidas de tres horas a bordo del Charrán, una embarcación semirrígida que permite cubrir distancias rápidamente en busca de delfines mulares.
La empresa cifra en torno al 90% la probabilidad de avistamiento y ofrece un tique sin caducidad en caso de no localizar a los animales, una garantía que refleja tanto la confianza en los datos como el conocimiento acumulado sobre los movimientos de la especie en la zona.
Más al norte, entre Dénia y el Cabo de San Antonio

El rorcual común, cuya presencia es compatible con un paso migratorio estival según los datos de la Generalitat, tiene en las aguas frente a Dénia uno de sus corredores más documentados. WeWhale organiza desde la Marina El Portet excursiones de cuatro horas a bordo del Som Mar, un velero cien por cien eléctrico cuya propulsión silenciosa minimiza las interferencias con la fauna marina.
El uso de un hidrófono permite a los participantes escuchar a cetáceos bajo el agua cuando la distancia lo hace posible, una dimensión sensorial que transforma la experiencia de observación.
Los grupos están limitados a un máximo de diez personas, y la empresa destina el 7,5% de los ingresos netos a proyectos de conservación a través de la Asociación WeWhale, su organización hermana.
La ciencia detrás del horizonte
El seguimiento de estas poblaciones descansa en un entramado de fuentes diversas: el Servicio de Vigilancia Marina de la Generalitat, el proyecto científico MysticMed —centrado en la protección del rorcual común— y observaciones aportadas por administraciones locales, la Guardia Civil, universidades y embarcaciones pesqueras.
En 2025, la flota de Castellón se ha sumado a este esfuerzo colectivo, incorporando avistamientos realizados en aguas abiertas al este del talud continental, zonas habitualmente poco muestreadas, durante maniobras de transporte de atún rojo.
La navegación lenta propia de esas operaciones favorece la detección de cetáceos, lo que convierte a los pescadores en observadores privilegiados en áreas donde la ciencia aún no ha llegado
La ausencia de censos aéreos y marítimos regulares durante 2024 y 2025 limita, no obstante, la posibilidad de comparar los datos actuales con series históricas y dificulta analizar la evolución de las poblaciones a lo largo del tiempo.