No es un secreto que la península ibérica le debe una buena parte de su patrimonio artístico y arquitectónico a la época andalusí. Un período que nos dejó grandes joyas, palacios y fortalezas en nuestro país, aunque si una destaca por encima del resto es la célebre Alhambra de Granada.
Pero el Sharq al-Ándalus, la costa levantina actual, también fue un lugar estratégico y de gran relevancia durante los casi 800 años de dominio musulmán y hoy os hablamos de un lugar que habitaron y en el que tuvieron una gran influencia, aunque no tanta como se podría creer a simple vista. Hablamos del Palacio de los Condes de Cervellón, también llamada la pequeña Alhambra valenciana.
En el centro de la localidad de Anna encontramos un castillo que, pese a que su exterior mezcla la estética de una fortaleza medieval y un palecete barroco, en su interior esconde toda la belleza y el color de un palacio neoárabe. Aunque lo cierto es que la estética varía en función de la estancia, ya que algunas salas tienen un estilo barroco y neoclásico propio del siglo XVIII, las salas de la planta inferior muestran los orígenes del edificio. Un edificio matrioska en lo que a estética y arquitectura se refiere.
Pero lo que realmente enamora a sus visitantes son dos estancias: el Patio de los Surtidores y la Sala Árabe. En su patio encontramos los clásicos canalillos de agua, rodeados de jardines y vegetación al más puro estilo generalife, todos ellos decorados con mosaicos y colores muy vivos que te transportan a otra época.
La sala árabe es otra maravilla estética que muestra el lujo de un palacio árabe. La iluminación filtrada, los detalles del alfarje (techo de madera tallado y decorado con detalles coloridos) y los patrones y colores de la estancia recrean fielmente cómo imaginamos la vida de la nobleza mozárabe. Como no puede ser de otro modo, encontramos también los clásicos elementos presentes en tantas mezquitas y alcázares como son los arcos, los azulejos y vidrieras en forma de mosaico y, como muestra del perfeccionismo en los matices, relieves esculpidos en yeso blanco y marfil (yeserías).
Anna, la capital del agua y del arroz al horno

Para visitar el palacio es fundamental reservar con antelación, la entrada cuesta tan solo 5 euros y la visita solo puede hacerse junto a un guía. El recorrido no es muy largo, por lo que si decidís visitar Anna en una escapada, os recomendamos que completéis el viaje visitando alguno de sus famosos lagos.
No os vayáis de Anna sin recorrer sus calles y sin probar su famoso arroz al horno, originario de esta comarca y uno de los platos más queridos de la gastronomía valenciana. Pero si queréis salir del pueblo, no podéis marcharos sin visitar la Albufera de Anna, un enorme lago donde está permitido el baño y se puede navegar en barca, y desde ahí comenzar la Ruta de las Tres Cascadas, un sendero sencillo que te llevará a descubrir las cuatro pozas principales y los tres saltos de agua que convierten a esta localidad en la «capital del agua».