Hay cosas que son casi tan antiguas como el propio mundo: dormir la siesta, el paseo de los domingos o sacar una silla a la calle para estar «a la fresca» con tus amigos o familiares son solo algunos ejemplos. Este último, el de disfrutar de la brisa en verano con tu gente, en Valencia lo llevamos a un nivel todavía mayor, el sopar a la fresca.
Una tradición para lo que lo único que necesitas es un bocadillo, una bebida, un par de sillas de playa y un hueco en el paseo marítimo para disfrutar del buen tiempo. Pero durante los últimos años, y especialmente en 2026, se ha formado un debate en torno a la hostelería, el turismo y si esta práctica perjudica a los restaurantes de la zona.
La Asociación de Empresarios de Hostelería de la Malvarrosa propuso establecer espacios para sopar a la fresca lejos de los locales de restauración y del paseo marítimo. Este grupo de restauradores alegan que la tradición influye negativamente en la imagen de Valencia que reciben los turistas y reduce la facturación y la frecuencia de clientes. También señalaban que algunos de los vecinos que cenan junto a la playa dejan residuos en las áreas comunes, empeorando la higiene del entorno.

Una demanda que suscitó la polémica en la ciudad, especialmente en los barrios de Poblats Marítims, más cercanos al mar y donde es habitual la concentración de vecinos para disfrutar de una cena junto al mar.
Tanto es así que, cinco asociaciones vecinales (Malvarrosa, Cabanyal-Canyamelar, Grau-Port, Nazaret y Isla Perdida), organizaron el pasado sábado un macrosopar a la fresca al que acudieron miles de vecinos con sus mesas, sillas y neveras para protestar de forma pacífica en defensa de un modelo de ciudad que priorice a los locales sobre el turismo y que establezca más espacios para crear comunidad. La convocatoria fue respaldada por centenares de personas de diferentes puntos y barrios de la ciudad que se reunieron frente a la playa de la Malvarrosa y disfrutaron de un sopar a la fresca multitudinario que, seguro, no será el último.