Un bocadillo, un par de aperitivos, una nevera portátil y unas sillas de playa: cenar en el paseo de la playa de la Malvarrosa cuando el calor aprieta es un plan tan sencillo como clásico en Valencia. Sin embargo, este verano la tensión entre hosteleros y vecinos ha iniciado un debate sobre si el paseo marítimo debería seguir siendo un espacio libre para comer y beber o habría que habilitar zonas más alejadas de los locales.
Los propietarios de chiringuitos y restaurantes consideran que esta práctica reduce la facturación y la frecuencia de clientes en sus locales. Las principales quejas responden a la proximidad de algunas mesas y sillas con las terrazas, a la falta de limpieza e higiene por parte de los vecinos y a la mala imagen que los turistas se llevan de la ciudad.
Los restauradores proponen como solución el establecimiento de zonas de libre acceso para aquellas personas que quieran disfrutar de una cena a la fresca y que se instalen más baños y servicios públicos que no interfieran con su actividad.
La mayoría de vecinos consideran que estas reclamaciones son injustificadas y que el paseo marítimo es un espacio público en el que siempre se ha permitido ubicar sillas y mesas plegables para hacer reuniones y comidas.