Voto de tinieblas: la historia de las Emparedadas de Valencia

    Voto de tinieblas: la historia de las Emparedadas de Valencia

    Tiempo hace que sabemos lo que es un ermitaño. El retiro espiritual es una práctica muy común entre los religiosos. Sin embargo, entre la Edad Media y el siglo XVIII se llevó hasta un extremo más bien poco saludable. El llamado voto de tinieblas llevó a muchas mujeres a encerrarse en pequeños zulos en las iglesias para aislarse del mundo exterior.

    Este encierro, que no siempre era adoptado voluntariamente, era una vía que tomaban estas religiosas para expiar sus pecados o para demostrar su devoción. Vivían enterradas en vida, recibiendo comida a través de una rejilla hecha a tal efecto.

    El voto de tinieblas en Valencia

    Valencia dispone de testimonios escritos de la época sobre el voto de tinieblas en diferentes iglesias donde se practicaba. En las de San Andrés, Santa Catalina, San Esteban, Santísima Cruz y San Lorenzo sabemos que se realizaba esta práctica.

    Los encierros de las emparedadas se hacía también en las propias casas. Sin embargo, el voto de tinieblas no siempre fue bien visto por la alta jerarquía eclesiástica. Por ejemplo, el arzobispo Pérez de Ayala (1566) prohibió a los sacerdotes acudir a las casas donde había emparedadas para dar misa o administrar sacramentos, salvo en caso de defunción. Durante el Siglo de Oro, el voto de tinieblas se puso “de moda” y muchas fueron las mujeres que se sometieron al enclaustramiento voluntariamente.

    celda emparedadas voto de tinieblas

    La tradición encontró un abrupto final a principios del siglo XIX, cuando las tropas francesas invadieron España en su camino para intentar tomar Portugal. El saqueo de las iglesias y conventos y la llegada de las nuevas ideas racionalistas desde el país vecino obligaron a las emparedadas de Valencia a agruparse en las terciarias franciscanas.

    El haber encontrado documentación nos ha permitido incluso conocer el nombre de algunas de estas mujeres: Inés Pedrós Alpicat, más conocida como Inés de Moncada; Juana Zucala, emparedada en el monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia; Margarita Agullona, monja franciscana de la calle de las Damas; e Inés Soriana, fundadora del convento de San Gregorio.

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