Solemos pensar que el centro de Valencia ya no ofrece grandes sorpresas a los locales, que se ha convertido en una especie de patio turístico con precios inflados y restaurantes que ofrecen packs de paella y Aperol a las seis de la tarde. Y, aunque es cierto que las calles y plazas de Ciutat Vella han cambiado mucho en los últimos años, todavía quedan muchos rincones históricos y secretos que la mayoría de valencianos y valencianas desconocen.
Todos hemos visto o visitado en alguna ocasión la Iglesia de San Juan del Hospital, el monumento religioso más antiguo de Valencia. Pero lo que la mayoría no sabe es que su interior alberga un cementerio del siglo XIII y los restos de una antigua emperatriz de Grecia junto a tres reliquias que protegió durante toda su vida.
La necrópolis medieval de San Juan del Hospital es uno de los puntos más excepcionales de toda la ciudad: es el único cementerio urbano que ha sobrevivido al paso del tiempo en Valencia, y ubicado en el patio sur del monumento, se encuentra la Capilla del Rey Don Jaime, una construcción funeraria que destaca por su peculiar arquitectura gótica-cisterciense y la única con estas características que se mantiene en Europa.
La emperatriz de los griegos, su viaje y sus reliquias
Pero lo más sorprendente de este cementerio puede que no sea su arquitectura, sino lo que oculta en su interior: el cuerpo de Constanza de Hohenstaufen, la emperatriz de Grecia, acompañada de sus reliquias. Hija del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II, se casó con el emperador bizantino de Nicea Juan III y se convirtió en emperatriz consorte del Imperio Bizantino.
Tras la muerte de su marido y verse envuelta en la guerra por el trono de Bizancio, huyó a Sicilia, donde solo encontró más conflictos y la muerte de casi toda su familia. Tras esta masacre, la antigua emperatriz se refugió en la Corona de Aragón, más concretamente en Valencia, hasta el fin de sus días.
Según cuentan las leyendas, Constanza huyó de Sicilia sin prácticamente nada, excepto tres reliquias sagradas de un valor incalculable: un fragmento de la columna de pórfido (donde Santa Bárbara fue atada y torturada), una piedra de la que brotó agua milagrosamente para que la santa pudiera ser bautizada y un hueso de su brazo. Todas ellas las donó a la iglesia de San Juan del Hospital, junto a una generosa cantidad dinero para construir una capilla dedicada a la santa a la que le rendía culto.
Tras su fallecimiento, fue sepultada con el resto de cuerpos en el patio, pero posteriormente la trasladaron a la capilla de Santa Bárbara (la que ella misma mandó a construir en el interior de la iglesia). En dicho espacio, que se puede visitar dentro del recinto, están expuestas las reliquias que la emperatriz trajo a Valencia.