El final de la década de los 2000 supuso un punto de inflexión en la economía mundial, pero especialmente en la valenciana. De una etapa dorada, en la que todo el litoral levantino se proclamaba como «la California de Europa», pasamos a unos largos años de crisis en los que la Comunitat Valenciana se convirtió en el hogar de los macroproyectos fracasados tras el boom inmobiliario.
Nos sobran ejemplos para ilustrar lo que supuso la crisis del 2008 en la Comunitat Valenciana: el Circuito Urbano de Fórmula 1 de Valencia, la Ciudad de la Luz de Alicante, el Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Aeropuerto de Castellón o el Nou Mestalla.
Pero hay otro ejemplo menos conocido y que nos acompaña cada vez que miramos por la ventana en el Aeropuerto de Manises, el Pronair abandonado en la terminal. Un enorme avión blanco y fucsia con estética dosmilera que lleva 18 años aparcado en la misma plaza y que Aena quiere retirar de sus instalaciones cuanto antes.
Esta aeronave es un Boeing 747-245F, un avión de carga con una capacidad de más de 100 toneladas y cuyo propietario, Isidoro Romero, abandonó tras la quiebra de la aerolínea en el aeropuerto valenciano. Las tasas por mantener el aparato retenido ya superan el millón y medio de euros y, pese a que Aena lo ha intentado subastar y en 2024 lo declaró como «legalmente abandonado», el propietario ha paralizado el procedimiento en múltiples ocasiones mediante maniobras legales.
Aena ha anunciado recientemente su intención de subastarlo una vez más, y si no encuentra ningún comprador que se acerque a la cantidad solicitada, será previsiblemente desmontado y troceado para reciclar sus piezas. Una estrategia para incrementar la capacidad del aeropuerto, que este año han vuelto a batir su propio récord de viajeros (más de 12 millones) y que ha anunciado la incorporación de nuevas rutas aéreas para 2026 y 2027: Nueva York, Brasov y Chisináu.
La caída de Pronair Airlines

Posiblemente no te suene el nombre de esta compañía aérea. Es normal, su volumen de vuelos se redujo a unas decenas de trayectos chárter puntuales, algunos servicios comerciales y menos de 20 operaciones de transporte de mercancías. Una trayectoria corta, deficitaria y cuyo mayor legado ha sido la cara de sorpresa de los usuarios del Aeropuerto de Manises al ver un avión de estas características abandonado en la plataforma de estacionamiento.
Isidoro Romero, empresario murciano especializado en el mundo de la construcción, fundó la aerolínea entre 2006 y 2007, respaldado por un crédito bancario de la época. La crisis de 2008 congeló el crédito global y paralizó la demanda de importaciones y exportaciones, además del encarecimiento del combustible. Una combinación que hizo inviable un negocio que ya generaba pocos beneficios y muchas dudas debido a las constantes averías de sus aeronaves, y que terminó en la quiebra definitiva de Pronair Airlines.