Valencia acogió por primera vez el Spain Sail Grand Prix, lo que llevó a la ciudad a la flota de catamaranes con foils F50 del Campeonato Rolex SailGP. Estos, superan los 100km/h y están liderados por una tripulación que debe tomar decisiones en décimas de segundo. Entre todos los equipos competidores, el equipo de Valencia Secreta pudo pasar una jornada con Black Foils, la representación neozelandesa del evento que, mientras compiten en este deporte de élite, aboga por la protección de los océanos.
Hay una imagen que resume lo que es Black Foils: un catamarán de 15 metros que deja de parecer una embarcación para convertirse en una máquina que vuela sobre el agua. Todo esto es posible gracias a dos tecnologías clave.
En primer lugar, una vela rígida (que puede alcanzar hasta los 29 metros de altura) que aprovecha al máximo el viento para impulsar la embarcación. En segundo lugar, los hidroalas de fibra de carbono situados bajo la embarcación, que se deslizan por el agua hasta que, a medida que la embarcación gana velocidad, elevan todo el casco por encima de la superficie para eliminar la resistencia. Todos los catamaranes son idénticos, por lo que el ganador es aquel que toma las mejores decisiones en el momento adecuado. Todos los catamaranes son iguales, con lo que el ganador es el que toma mejores decisiones en el tiempo adecuado.

Y ahí entra Black Foils, liderado por uno de los nombres más importantes del universo de la vela: Peter Burling, codirector ejecutivo y piloto del equipo. Burling participó en las carreras de Valencia con Leo Takahashi como flight controller (es decir, el encargado de que el F50 se mantenga a la altura y velocidad correctas) y Blair Tuke, codirector ejecutivo del equipo y encargado del ajuste de las alas (responsable de precisar la potencia de la enorme vela para acelerar o desacelerar).
Un deporte en el que los catamaranes vuelan sobre el agua
La palabra que mejor define a los F50 es «volar». Desde La Marina de València, la sensación era la de ver embarcaciones flotando en el aire, no en el agua. Este efecto es consecuencia de la combinación entre el viento, la velocidad, el ángulo del ala… pura ciencia y tecnología convertidas en magia.

Para Leo Takahashi, esta sensación es la más reconfortante de su trabajo: «Creo que es un trabajo muy chulo. Sin duda es algo bastante nuevo en la vela, así que supongo que, en cierto modo, somos pioneros en el control de vuelo de los foils, lo cual es genial. Cuando alcanzamos velocidades que nadie ha alcanzado antes en un catamarán, también es una sensación increíble. Así que sí, estoy muy contento».
La misión de Takahashi es controlar uno de los elementos más delicados del F50. Como él mismo define, se trata de concentrarse en una sola cosa, «hacer volar la embarcación constantemente». Y esa concentración requiere un gran esfuerzo mientras el F50 compite a velocidades superiores a las de muchos automóviles en carretera.

De hecho, Burling lo define de la siguiente manera: «las embarcaciones transmiten una increíble sensación de velocidad. Son catamaranes bastante grandes y potentes, pero, ya sabes, una vez que alcanzas esos más de 100 km/h, empieza a producirse mucha cavitación en los hidroalas. Ahí es donde el agua empieza a ‘burbujear’ en la parte trasera de los hidroalas y se genera mucha resistencia. De hecho, el movimiento se vuelve bastante brusco, casi como si estuvieras circulando por un camino de grava en ese momento. Estás realmente al límite de lo que los barcos son capaces de hacer«.
Competir y salvaguardar el ecosistema marino
La identidad del equipo no se agota cuando el F50 cruza la línea de meta. Las actividades relacionadas con el océano forman parte de la identidad del equipo desde su creación. Los Black Foils apoyan a Live Ocean, la fundación neozelandesa dedicada a la conservación marina fundada por Peter Burling y Blair Tuke.

Burling define esta colaboración como «una parte fundamental del ADN y la cultura de Black Foils«. La idea es sencilla: si el océano es el terreno de juego del equipo, también existe una responsabilidad de protegerlo.
Uno de los proyectos que destaca el piloto es el relacionado con la reducción de capturas accidentales de aves marinas en la pesca, especialmente de albatros. Black Foils ha colaborado además en iniciativas vinculadas a la sensibilización de los océanos. Para Takahashi, estas acciones tienen también una dimensión cotidiana: reciclar, mantener limpios los océanos y, sobre todo, difundir el mensaje sobre el cambio climático y la conservación marina.